Pocas cosas describen los pacientes con más claridad que la ciática. «Un dolor que empieza en la cadera, baja por el muslo, pasa por la rodilla y llega al pie.» A veces hay hormigueo. A veces quemazón. A veces los tres a la vez. Y casi siempre llegan con miedo a que les digan que necesitan operarse.
La realidad es bastante más tranquilizadora. La mayoría de las ciáticas, incluso las que tienen una hernia discal como causa, mejoran con tratamiento conservador. La cirugía es la excepción, no la regla.
Qué es exactamente la ciática
La ciática no es una enfermedad sino un síntoma: la irritación del nervio ciático o de las raíces nerviosas que lo forman — principalmente L4, L5 y S1. Cuando esas raíces se comprimen o inflaman, el dolor sigue el recorrido del nervio desde la zona lumbar hasta la pierna.
Las causas más frecuentes son tres. La hernia discal lumbar es la más conocida: el núcleo del disco presiona la raíz nerviosa. El síndrome piriforme ocurre cuando el músculo piriforme — profundo en el glúteo — irrita el nervio ciático a su paso. Y la estenosis de canal, más frecuente en mayores de 60 años, estrecha el espacio por donde sale el nervio.
Cada causa tiene un patrón clínico distinto y responde de forma diferente al tratamiento. Confundir un síndrome piriforme con una hernia discal es un error frecuente que lleva a tratamientos ineficaces.
Cómo diferenciamos el origen en consulta
La exploración neurológica — sensibilidad, reflejos, fuerza — nos da información sobre qué raíz está afectada. El test de Lasègue y sus variantes nos dicen si hay irritación meníngea. La palpación del piriforme y la exploración de la cadera descartan o confirman el componente muscular.
La ecografía musculoesquelética añade información sobre el estado del disco y la musculatura paravertebral, y en algunos casos permite ver directamente el nervio ciático a nivel glúteo.
No pedimos resonancia de forma sistemática. Si la clínica es clara y el paciente evoluciona bien, la imagen no cambia el tratamiento. Sí la pedimos cuando hay déficit neurológico progresivo — pérdida de fuerza en el pie, alteración de esfínteres — porque ahí la derivación urgente es necesaria.
El tratamiento: qué hacemos y en qué orden
La movilización neuromeníngea es la técnica con mayor evidencia para la ciática. Consiste en movilizar el sistema nervioso central y periférico de forma progresiva para reducir la sensibilización de la raíz afectada. No duele — o no debería doler — cuando se aplica bien.
La terapia manual sobre la columna lumbar y la articulación sacroilíaca reduce la presión mecánica sobre el disco y las raíces. En combinación con la inducción miofascial de la cadena posterior, el efecto es más rápido que con cualquier técnica aislada.
En las fases más agudas, cuando el dolor no permite trabajar directamente sobre la zona lumbar, empezamos por las estructuras periféricas — pierna, tobillo, pie — y vamos subiendo a medida que el nervio tolera más carga.
Cuánto tarda en resolverse
Una ciática aguda de menos de seis semanas suele mejorar significativamente en 6 a 10 sesiones. Una ciática con hernia discal confirmada que lleva meses requiere entre 12 y 18 sesiones con trabajo progresivo. El dolor nocturno que interrumpe el sueño suele ser el último en ceder.
Los signos de alarma que requieren derivación inmediata son concretos: pérdida de fuerza en el pie o en la rodilla de aparición rápida, alteración del control de vejiga o intestino, o dolor que empeora claramente con el tratamiento conservador tras cuatro semanas. En esos casos, la cirugía entra en la ecuación.
Si tienes un dolor que baja por la pierna y llevas semanas sin saber bien qué hacer, la primera valoración resuelve la duda. Calle O’Donnell 30, Retiro, Madrid. Metro O’Donnell (L9). 914 026 390.



