El esguince de tobillo tiene fama de lesión menor. Se tuerce, duele unos días, y ya. El problema es que esa visión simplista explica por qué entre el 20 y el 40% de los esguinces acaban en inestabilidad crónica — el tobillo que se vuelve a torcer, que cede al bajar bordillos, que nunca termina de dar confianza.
La diferencia entre un esguince que se resuelve bien y uno que deja secuelas no está en la gravedad inicial. Está en cómo se trató.
Qué pasa exactamente en un esguince
En el 85% de los esguinces de tobillo, la lesión afecta al ligamento peroneoastragalino anterior — el que limita la inversión del pie. Cuando el tobillo se tuerce hacia dentro, ese ligamento se estira o se rompe parcial o totalmente.
Pero la lesión no es solo ligamentosa. El esguince daña también los mecanorreceptores — pequeñas estructuras nerviosas dentro del ligamento que informan al cerebro sobre la posición del pie en el espacio. Sin esa información, el tobillo pierde parte de su capacidad para reaccionar ante un terreno irregular. Eso es lo que genera la inestabilidad posterior.
Un tratamiento que solo aborda el dolor y la inflamación — hielo, reposo, vendaje — ignora ese componente propioceptivo, y el resultado es un tobillo que «cura» en apariencia pero que no ha recuperado el control neuromuscular.
Las fases del tratamiento correcto
En la fase aguda — primeras 48 a 72 horas — el objetivo es controlar el edema y proteger el ligamento. Vendaje funcional, crioterapia y movilización suave en rangos libres de dolor. No inmovilización total salvo fractura descartada.
A partir del tercer o cuarto día, cuando el dolor permite carga, empezamos la fase de recuperación funcional. Diatermia para reducir el edema residual y acelerar la cicatrización del ligamento. Trabajo propioceptivo en carga progresiva: primero en superficie estable, después inestable. Ejercicios de reacción. Marcha en distintas superficies.
La vuelta al deporte o a la actividad habitual no se determina por el tiempo transcurrido desde la lesión sino por criterios funcionales: rango de movimiento completo, fuerza simétrica al tobillo sano y control propioceptivo testado objetivamente.
Cuántas sesiones
Un esguince grado I tratado desde el inicio: entre 4 y 6 sesiones. Grado II: entre 8 y 12 sesiones. Grado III con afectación de dos o tres ligamentos: entre 12 y 18 sesiones, con criterios de vuelta al deporte más estrictos.
Los esguinces que llegan a consulta semanas después del accidente — sin tratamiento previo o con tratamiento insuficiente — suelen necesitar más tiempo porque hay adaptaciones musculares y propioceptivas que hay que desandar antes de poder avanzar.
La inestabilidad crónica tiene tratamiento
Si ya tienes un tobillo que se va con frecuencia, no significa que tengas que vivir con eso. La rehabilitación de la inestabilidad crónica de tobillo — trabajando la propiocepción, la fuerza de los peroneos y la coordinación — tiene resultados sólidos incluso en casos de varios años de evolución.
En los casos donde la inestabilidad es muy marcada y no responde a fisioterapia, existe la opción quirúrgica de reconstrucción ligamentosa. Pero antes de llegar ahí, un programa de rehabilitación bien hecho resuelve el problema en la mayoría de los pacientes.
Calle O’Donnell 30, Retiro, Madrid. Fisioterapia deportiva con diagnóstico ecográfico desde la primera visita. 914 026 390.



