La pregunta que más escuchamos cuando alguien llega con dolor lumbar es: «¿me van a dar masajes o me van a mandar a hacer ejercicios?». La respuesta corta es: depende del momento. La respuesta larga es lo que marca la diferencia entre recuperarse de verdad y estar en un ciclo de mejoría y recaída.
La evidencia de los últimos años es bastante clara en esto. Los metaanálisis publicados en Journal of Orthopaedic & Sports Physical Therapy y BMC Musculoskeletal Disorders coinciden en que la terapia manual — movilizaciones y manipulaciones — tiene más efecto en la fase aguda, cuando el dolor es intenso y el movimiento está muy limitado. El ejercicio terapéutico supervisado, en cambio, es lo que sostiene la recuperación a medio y largo plazo y lo que reduce las recaídas. Y cuando se combinan ambos de forma coherente, los resultados son mejores que con cualquiera de los dos por separado.
Cómo trabajamos la lumbalgia aquí
Lo primero es entender de qué tipo de dolor se trata. No todos los dolores de espalda son iguales: hay lumbalgias mecánicas simples, hay dolor con componente neuropático que baja por la pierna, hay dolores que se han cronificado y en los que el sistema nervioso está amplificando la señal más allá de lo que justifica el tejido. Cada uno tiene un abordaje distinto.
En la fase aguda usamos terapia manual suave — sin manipulaciones de alta velocidad si no están indicadas — y trabajamos mucho la educación: qué movimientos son seguros, cómo cargar algo del suelo sin disparar el dolor, cómo sentarse sin bloquear la zona lumbar. El miedo al movimiento es uno de los factores que más cronifica la lumbalgia, y abordarlo desde el principio cambia el pronóstico.
Cuando el dolor agudo cede entramos en la parte que más incide en el resultado final: el ejercicio progresivo. Glúteos, core, cadena posterior, patrones funcionales — levantarse, inclinarse, caminar con carga. No es gimnasio genérico: es un programa ajustado a lo que cada persona necesita y a lo que su cuerpo tolera en cada momento. El objetivo es que al terminar el tratamiento el paciente sepa qué hacer para que no vuelva, no que dependa de nosotros indefinidamente.
Si tienes dolor lumbar que lleva más de dos semanas o que vuelve periódicamente, merece la pena que lo evaluemos. Estamos en Calle O’Donnell 30, Retiro, a dos minutos del metro O’Donnell (L9).



